La epilepsia como incapacidad laboral permanente

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La epilepsia como incapacidad laboral permanente

En la realidad práctica hay muchos epilépticos que están trabajando y que la enfermedad es anterior a la fecha en que consiguieron su primer trabajo y que lo han desarrollado bien durante muchos años llegando algunos incluso a la edad de jubilación sin haber generado una invalidez de tipo permanente.

Lo anterior significa que la epilepsia no es una enfermedad intrínsecamente incompatible con el trabajo lo que no quiere decir por otra parte en que no sea muy invalidante.

El primer problema que nos surge es si la epilepsia aun siendo muy benigna y produciéndose no más de una crisis cada varios años puede considerarse o no invalidante para cierta profesiones.

La epilepsia puede ser causa de impedimento para obtener el permiso de circulación y licencia de armas y de ahí que haya que entender que si el proceso se adquiere después de comenzar a trabajar cerca en estos casos causa de invalidez para aquellas profesiones que impliquen tener estos permisos.

La epilepsia suele tener un periodo de post-crisis a la salida del coma epiléptico donde el enfermo está desorientado con lagunas de memoria, y en definitiva no sabe ni puede gobernar sus actos, todo lo anterior puede significar un uso peligroso de las armas.

Por tanto, la epilepsia aun en crisis muy distanciadas será incompatible con ciertos tipos de trabajo por el riesgo propio y ajeno, pero exceptuando estas profesiones de mayor riesgo el epiléptico puede llevar una vida casi normal compatible con un rendimiento fiable.

¿CUANDO SE PRODUCE LA VERDADERA INCAPACIDAD POR EPILEPSIA?

La auténtica invalidez por epilepsia se produce cuando las crisis son profundas, de larga duración y frecuentes, en las que se distorsionan hábitos y horarios en el enfermo y se resiente profundamente su psiquismo, produciéndose depresiones que acaban de sumirlo en una inactividad y abandono de sus ocupaciones.

Son los llamados epilépticos crónicos, generalmente de origen post-traumático donde se han agotado todas las posibilidades terapéuticas y constituyen una invalidez permanente para todo tipo de trabajo.

En otras epilepsias las crisis son más distanciadas, pero lo suficientemente profundas y peligrosas y la invalidez se produce por poderse demostrar que el trabajo supone un factor de riesgo para desencadenar el ataque epiléptico.

Son muchos los agentes externos capaces de influir en la gravedad de la crisis o en su frecuencia, hay elementos que puede considerarse de riesgo universal y otros específicos para cada individuo.

Además de los elementos habituales y comunes como causa de invalidez a la epilepsia hay que añadir uno específico y es el rechazo que el ataque puede representar en el espectador y la influencia en el rendimiento laboral.

Hay profesiones que requieren un trato directo con el público y aun cuando el trabajo en si no sea incompatible con la epilepsia ni produzca un peligro propio o ajeno, los ataques suponen un rechazo para ese público que se siente afectado, lo que suele conllevar un efecto negativo sobre la empresa.

El hecho de lo sorpresivo de los episodios es un elemento más de riesgo ya que el enfermo no puede prever cuando se va a producir la crisis ni adoptar las mínimas precauciones.

La incapacidad puede derivarse también como consecuencia de efectos periféricos de la epilepsia y no por la enfermedad en sí misma, pero también como consecuencia de la propia enfermedad de neurosis, psicopatías u otras alteraciones que pueden afectar a la vida del operario cuando la epilepsia es grave y se ha cronificado se producen frecuentes crisis y tienen intensidad lo lógico sería la declaración de Incapacidad Permanente Absoluta.

Las situaciones de gran invalidez como consecuencia de una epilepsia serán excepcionales, sin embargo hay que admitirlas como posibles en procesos epilépticos complejos o cuando se presentan estados demenciales que impidan al sujeto valerse por sí mismo y necesite la ayuda de terceras personal para los actos más esenciales de la vida.

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